El boom del nuevo dinero: El Bitcoin

Por Martín Carranza Torres

¡El dinero ha triunfado! Dice el historiador Niall Ferguson[1]. Por el imperialismo o por la globalización el dinero ha triunfado, desde la antigua Mesopotamia hasta la China actual, y ese triunfo ha sido el de las fuerzas que impulsan el progreso humano. “Un proceso complejo de innovación, intermediación e integración que ha resultado tan vital como el avance de la ciencia o la difusión del derecho para que la humanidad pudiera escapar a la ardua tarea de la agricultura de subsistencia y a la miseria de la trampa malthusiana”. 

Pero, ¿qué es el dinero? 

Un instrumento de explotación, en su formato de “trabajo mercantilizado” de acuerdo con la concepción de plusvalía de Marx. No pareciera: ningún estado comunista en la historia de la humanidad, ni siquiera Corea del Norte, ha logrado prescindir del dinero. La vida sin dinero es como el estado de naturaleza (“condición natural del hombre”) del filósofo Thomas Hobbes: “solitaria, pobre, inmunda, brutal y corta”. 

El dinero es un bien básico, transable, comercializable, intercambiable, fácilmente aceptable por cualquiera. Para que el dinero sea masivamente aceptado en una sociedad debe poseer un valor intrínseco, es decir, debe ser valioso antes de ser un bien de intercambio. También debe ser divisible[2], esto es, físicamente divisible y fácilmente divisible: debe preservar una cuota proporcional de su valor cuando es dividida. Debe además poseer un elevado valor por unidad, por cuanto debe ser escaso y valioso al mismo tiempo. También debe ser fácilmente transportable y duradero: debe retener valor durante mucho tiempo. El valor del dinero, como el de cualquier otra mercancía, está determinado por la oferta y la demanda, y obviamente el fundamento de su demanda es su utilidad. 

Una conceptualización más convencional del dinero diría que es un medio de intercambio que tiene la ventaja de eliminar las ineficiencias del trueque; una unidad de cuenta que facilita la evaluación y el cálculo; y una reserva de valor que permite que las transacciones económicas se realicen a lo largo de períodos de tiempo prolongados y a través de distancias geográficas. Para lo que tiene que estar disponible, asequible, ser duradero, fungible, transportable y fiable.

Para entender a la moneda digital

Y a la tecnología que la hace posible, el blockchain, entendido como el libro mayor distribuido, es muy importante seguir la evolución de lo que conocemos como “dinero; que incluye el concepto genérico de “moneda” del que el bitcoin es una especie. 

El “curso legal” de la moneda es una creación institucional que tiene más que ver con la gestión del Estado que con la transferencia de riqueza propiamente dicha. La obligatoriedad de recibirla (o la prohibición de recibir otra moneda), tiene más que ver con el sometimiento que con la libertad. A esta altura de la civilización no existe una simbiosis entre dinero y Estado, como sostenía la visión aristotélica. En este sentido, uno de los tantos hallazgos de Murray Rothbard en su obra “Historia del pensamiento económico” es traernos el lejanísimo antecedente del teólogo y matemático del siglo XIV, Nicolás Oresme de Bethune, franciscano y alumno del teólogo escolástico inglés, Guillermo de Ockham. Rector de la Universidad de París y estudioso profundo de la filosofía aristotélica.

Oresme explicó el valor de cambio de los bienes en función de la necesidad o utilidad que le daba el consumidor, pero introduciendo los conceptos de costo de la oportunidad y de la producción, así como el de la influencia de la oferta. Decía que la moneda debía medirse por la necesidad humana, al igual que otros bienes intercambiados “guardan proporción con la necesidad humana, también la guardarán con el dinero, que a su vez la guarda con la necesidad humana”. 

El economista austríaco, Ludwig Von Mises (1881-1973), publicó en 1912 la teoría del dinero y del crédito basado en los mismos principios que posteriormente la escuela de economía austríaca hizo suyos. Mises[3] explicó que “la teoría del dinero es y siempre fue la teoría del cambio indirecto y de los medios de intercambio”. Como si hubiese estado hablando de criptomonedas, Mises sostiene que, “es, invariablemente la demanda, no el valor objetivo en uso, la que determina los precios”. 

Las criptomonedas, estrellas del firmamento tecnológico

Son representaciones de valores que implican dinero en el completo sentido de la palabra. Por encontrarse desvinculadas de la emisión estatal e incluso, por carecer de obligatoriedad legal y, por el contrario, ser el resultado de acuerdos voluntarios, las criptomonedas están transformándose en un fenómeno de valor creciente. De hecho, las criptomonedas aceleran la marcha hacia la destrucción del concepto de “curso legal obligatorio” que ha generado siglos de pobreza y tiranía en el mundo a lo largo de años de evolución institucional. La demanda de dinero es infinita, pues nadie estima suficientemente satisfecha su demanda y ese elemento tiene mucho que ver con el fenómeno de las criptomonedas. 

El dinero no es la criatura o la creación de un Estado. El dinero es una institución social generada y basada en el mercado. Apareció espontáneamente como resultado de la interacción entre personas que intentaban superar las trabas y dificultades del intercambio directo en el trueque.

Salvo en las criptomonedas, o en parte también en ellas, el dinero es cuestión de fe. Necesitamos creer en la persona que nos paga, en quien ha emitido el dinero o en quien lo respalda. El dinero, como sostiene Ferguson, no es metal, es confianza escrita. Desde una concha marina, hasta en una cadena de firmas digitales, pasando por discos de piedra, arcilla, metales preciosos, sal o materias primas, todo puede servir como dinero.

Detrás del bitcoin hay tres tecnologías

Una de ellas, es un registro digital que se comparte instantáneamente a través de una red de participantes: Distributed Ledger Technology (DLT). Este registro se distribuye porque está en manos de cada uno de los usuarios (o nodos) de la red y cada copia se actualiza con nueva información en forma simultánea. DLT utiliza una técnica de consenso para asegurar que cada nodo concuerde en el registro, con distintas tecnologías de contabilidad distribuida que utilizan diferentes métodos de consenso. Una ventaja clave de DLT es que no hay varios conjuntos de registros en competencia que necesitan ser conciliados, sino sólo uno; aunque se mantiene en múltiples nodos. Este registro representa una fuente dorada de datos. 

El Distributed Ledger Technology tiene un gran potencial para impulsar la simplicidad y la eficiencia mediante la infraestructura y los procesos de servicios financieros que ofrece. Es una de las muchas tecnologías que formarán la base de la próxima generación de infraestructura transaccional. Las aplicaciones en DLT se distinguen según el caso de uso y aprovechan la tecnología de manera diferente mediante una gama diversa de ventajas. Las aplicaciones DLT más impactantes requieren una profunda colaboración entre los operadores históricos, los innovadores y los reguladores, sea añadiendo complejidad, fuera retrasando la implementación. La nueva infraestructura de servicios financieros construida sobre DLT rediseñará los procesos y pondrá en cuestión las ortodoxias que son fundamentales para los modelos de negocio de hoy (informe WEF).

La segunda tecnología detrás de bitcoin

Es Blockchain, un ledger o libro contable que permite transacciones seguras y cifradas. Es la tecnología de cifrado de la tecnología de DLT. Algunos expertos financieros y técnicos lo han comparado con lo ocurrido en los primeros tiempos de Internet: es la columna vertebral de las transacciones. 

Veamos un poco la diferencia entre algunas tecnologías más familiares para nosotros. La columna vertebral digital de Wikipedia es similar a las bases de datos altamente protegidas y centralizadas de los gobiernos, bancos y compañías de seguros. El control de las bases de datos centralizadas recae en sus propietarios. El control incluye la gestión de las actualizaciones, el acceso y la protección contra las amenazas cibernéticas.

La base de datos distribuida de la tecnología Blockchain tiene una columna vertebral digital fundamentalmente diferente. Mientras la “copia maestra” de Wikipedia, por ejemplo, se edita en un servidor y a la nueva versión podrán verla todos los usuarios, en la tecnología Blockchain (cadena de bloques), cada nodo de la red está llegando a la misma conclusión, cada uno actualizando el registro de forma independiente, y el registro más popular se va convirtiendo en el registro oficial en lugar de haber una copia maestra. Las transacciones se transmiten y cada nodo está creando su propia versión actualizada de los eventos. Es esta diferencia lo que hace que la tecnología Blockchain sea tan útil: representa una innovación en la forma de registro y de distribución de la información. Y un dato clave: elimina la necesidad de un tercero de confianza que facilite las relaciones digitales.

La tecnología Blockchain no es nueva

Es una combinación de tecnologías conocidas y probadas, pero aplicadas de una nueva manera. Fue la orquestación de tres tecnologías: Internet, criptografía de clave privada y un protocolo de incentivación. Eso fue lo que hizo tan útil la idea del creador de bitcoin, Satoshi Nakamoto.

Blockchain es una tecnología que tiene el potencial de extender la transformación digital más allá de las paredes de una empresa: hacia los procesos compartidos con proveedores, clientes y socios. En esencia, una cadena de bloques es una estructura de datos que se usa para crear un libro mayor de transacciones digitales[4] que, en lugar de descansar en un único proveedor, se comparte entre una red distribuida de computadoras.

 

Y por último, la Minería de datos

O Tragedia de los Comunes. La tercera y última tecnología detrás de bitcoin. Pero de esto hablaremos en otro artículo.

Si querés conocer más sobre el tema, consultá haciendo clic.

 

[1] Ferguson, Niall: El triunfo del dinero, Madrid, Debate, 2009, p. 448.

[2] Como se verá las monedas digitales son divisibles hasta el infinito.

 [3] Von Mises, Ludwig: La acción humana. Tratado de Economía, Tomo II, Madrid, Fundación Ignacio Villalonga, 1960, p.7.

 [4]Es un libro cronológico equiparable tanto al libro mayor como al libro diario



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